Si tee interesa saber que es
SER CATEQUISTA:
Proyecto EMET
1.4. Agentes de la pastoral
El ministerio catequético es un don del Espíritu, un carisma al servicio del crecimiento de la fe de las comunidades formadas y de aquellos decididos a convertirse en seguidores de Jesús. Se inscribe, por lo tanto, entre otros necesarios carismas como el de la caridad (atención eficaz a las personas necesitadas), liturgia (ayuda a celebrar la fe), presidencia (vela por la unidad, en la fe, de la comunidad)... carismas que contribuyen, cada uno a su modo, a la misión evangelizadora de la Iglesia. Para ser catequista no vale cualquiera, sino sólo los llamados por el Espíritu a través de la comunidad. Es, por lo tanto, una auténtica vocación a la que responder, y como tal tiene sus exigencias:
- permanencia: por ser un servicio decisivo para la comunidad cristiana, necesita un mínimo de estabilidad y duración en quienes lo asumen; es necesario que el equipo de catequistas de la comunidad sea cada vez más estable, de modo que aporte continuidad y coherencia en la acción evangelizadora;
- reconocimiento eclesial: como todo ministerio, debe ser validado y valorado por la comunidad eclesial (Hch 13, 2-3), que descubre en algunos de sus miembros el don del Espírtu y -una vez aceptado por éstos- les encomienda el servicio catequético. Esto debiera hacerse públicamente en el marco de una celebración litúrgica (con el obispo a nivel diocesano o con el Vicario, o en la comunidad cristiana del centro correspondiente), con un gesto significativo de la misión encomendada. Nadie puede arrogarse esta función a título personal: su vocación se fundamenta en la vocación previa a formar parte de una comunidad.
El cristiano que recibe este ministerio lo asume con vocación decidida y lo desarrolla en comunión con toda la Iglesia, comprometiendo su vida con aquello que realiza y esforzándose en adquirir la preparación necesaria para hacer este servicio con calidad y eficacia.
Desde la visión que tenía Calasanz de nuestro ministerio, es necesario:
- Educadores auténticamente pobres, para los pueblos pobres; seguirá siendo la prioridad del instituto y, cada vez más, lugar para religiosos y voluntarios.
- Han de ser sujetos formados, "curados" para curar:
- a la luz de Dios: tras recorrer un proceso de conocimiento y liberación, de personalización y evangelización, hombres a la escucha de Dios, de experiencia de fe, que saben de quién se fían;
- y a la luz de los hombres: con una adecuada formación teórica y didáctica;
- esto exige una seria selección de candidatos, formados y dotados de las virtudes necesarias.
- Esta experiencia de Dios es fundamental, pues en el ejercicio de su ministerio el educador calasancio es sacramento del amor de Dios que acoge y acepta, que da la vida, con caridad, paciencia y humildad.
- El sujeto de nuestro ministerio es la comunidad cristiana, pues reunidos buscando la gloria de Dios y el bien de los muchachos:
- el Espíritu del Señor se hace presente
- podemos discernir el querer de Dios en el trabajo concreto
- es lugar de crecimiento y formación para la misión
- y somos así fermento de comunión y de oración
El catequista/animador de grupos de iniciación, se relaciona con el grupo a él confiado con el deseo de que crezcan como personas y lleguen a descubrir el sentido de su vida, favoreciendo la búsqueda de identidad y de autonomía responsable, de convivencia gozosa con los demás y utilidad servicial y constructiva... No impone, sino que comparte, estimula, motiva, incentiva por el testimonio y comunicación de la propia experiencia, está en búsqueda con el grupo, como compañero de camino, aunque su papel no sea el mismo que los demás miembros del grupo: sabe dar sentido, alegría y coraje y ayuda a hacer una lectura creyente de la realidad. Evita caer en las tentaciones del "personaje" (el que vale), el "salvador" (el que puede), el "maestro" (el que sabe).
Es importante que el animador de grupos tenga experiencia propia de lo que es formar parte de un grupo y los fenómenos que en él se dan. Pero si la experiencia y la madurez son buenas referencias, también son un riesgo: no deben convertirse en marco absoluto por la carga subjetiva que acompaña. Para evitarlo, se necesita un marco objetivo: el dinamismo del proceso del grupo en etapas, de modo que el catequista/animador conozca bien la dinámica inherente al mismo y lo haga operativo (es importante que sepa programar, evaluar y utilizar recursos adecuados, para lo cual se supone que conoce las líneas fuerza del proceso).
Otra función del catequista/animador de grupos es el cuidado personal de todos y cada uno de los miembros del grupo: cada persona es un mundo que necesita atención particular, sobre todo en lo que pasa por dentro como consecuencia de formar parte del grupo. Porque, además, cada persona tiene su ritmo, a veces muy diferente al del grupo. Como esto repercute en el grupo, el acompañamiento personal no se puede desligar de la animación del grupo en cuanto tal (según la edad y la persona, requieren distinta frecuencia).