José de Calasanz buscando responder a Dios del mejor modo, estuvo atento a las necesidades de su época y a la escucha de la Palabra de Dios, discerniendo su voluntad con la ayuda de oración y acompañamiento espiritual. Se encontró con una Iglesia y una sociedad que necesitaban reforma:
- por la "corrupción de las costumbres"
- por el abandono de los niños pobres
y descubrió que la mejor manera de ayudar a los pequeños era educarlos humana y
cristianamente, contribuyendo así a su felicidad y a reformar tanto la sociedad como la Iglesia. Muy pronto descubrió también que éste era el camino que Dios quiso para él.
Hoy como ayer:
- nos encontramos, en el tercer y "cuarto" mundos, con una enorme multitud de niños prácticamente abandonados, viviendo en la calle, luchando por la supervivencia, sin posibilidad real de educación alguna, en unas sociedades que pugnan por progresar pero están llenas de corrupción y de víctimas sociales;
- también en las sociedades occidentales con tantos medios y posibilidades, el consumismo y la falta de sentido esclaviza la vida diaria; el fracaso social y educativo afecta cada vez a más niños y jóvenes que no reciben ni el estímulo, ni el afecto, ni los medios necesarios para salir de su situación; se vive la vida en una vorágine sinsentido;
- la revolución de la fraternidad sigue pendiente: la insolidaridad, la injusticia, el atropello, el egoísmo consumista, el aislamiento social, el prejuicio, el etnocentrismo… están presentes en un tiempo en el que, sin embargo, la llamada "globalización" exige el encuentro y el diálogo;
- la Iglesia tiene algo que decir al mundo: Dios es Padre nuestro, Padre de todos, Dios nos ama tal como somos y nos llama a ser felices descubriendo en los demás a nuestros hermanos, descubriendo en la diferencia una riqueza, en el compartir la felicidad, en el amor nuestra razón de ser.
Por eso, también hoy son necesarios escolapios:
- que muestren y anuncien la paternidad de Dios y la fraternidad entre los hombres;
- que liberen a tantos niños y jóvenes de la esclavitud de la ignorancia y de la corrupción del pecado;
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- que amen a los más pequeños, a los más pobres, a aquellos que no tienen acogida;
- que contribuyan, educando a los niños desde la más tierna infancia, a construir una sociedad nueva;
- acompañando a los niños y jóvenes en el camino hacia la verdad, en diálogo profundo entre las personas, entre las culturas, entre la fe y la cultura; en el descubrimiento de la riqueza del ser humano, de su vocación de hijo de Dios, de su lugar y su misión en la Iglesia y en la sociedad;
- construyendo una Iglesia cada vez más evangélica, más viva y más renovadora.
Escolapios laicos que se comprometen en esta labor,
- testigos en medio de la sociedad y del trabajo
- con su vida personal, familiar y profesional
- de cómo se puede vivir cristianamente, como laico, el Evangelio de Jesús;
- testigos en la entrega educativa y en el amor fiel y abierto al compromiso con los demás;
- que comparten desde la secularidad el ministerio, la espiritualidad y la vida fraterna calasancia.
Y escolapios religiosos, hoy particularmente necesarios:
- memoria de Jesús pobre, obediente y casto
- que consagran toda su vida al Señor buscando qué quiere el Padre para servirle desde el ministerio calasancio donde sea más necesario y del mejor modo:
- disponibles para ambientes y situaciones de pobreza donde otros difícilmente pueden estar: en el tercer y cuarto mundos, por ejemplo;
- disponibles para profundizar en la oración, en la vida espiritual, en el discernimiento, en el ministerio y patrimonio educativo escolapio… para así poder formar y acompañar a las personas y comunidades que trabajan en nuestras obras, descubriendo al Maestro interior;
- pastores de nuestras comunidades educativas, de los alumnos, profesores, catequistas, familias… que saben que la unidad es necesaria para nuestro ministerio y que trabajan por crear y fortalecer la comunión entre las personas y grupos de nuestros centros
- signo profético de la exclusividad para Dios con total disponibilidad, que han descubierto el amor de Dios como lo único que llena la vida y le da sentido y plenitud y quieren responderle amando a sus hermanos particularmente a los más pequeños y pobres;
- signo profético de comunión y diálogo siempre posible, por el poder reconciliador del amor de Dios.
Porque estamos siempre en camino de renovación, necesitamos de quien se sienta llamado y acepte el reto de comprometerse con:
- una educación cada vez más integral, haciendo de la escuela una alternativa evangélica;
- un impulso a las comunidades y grupos juveniles que renueven la vida eclesial;
- un incremento del acompañamiento personal como mediación evangélica fundamental;
- un compromiso reformador de la sociedad a través de la educación sobre todo en los lugares en que ésta es más necesaria y urgente, aquellos que nadie atiende.
¿Tiene esto algo que ver contigo, con tu sensibilidad, con tus cualidades, con lo que internamente te mueve?